Esta noche, mientras andaba yo metido en no se qué faena casera, escucho a un grupo de personas cantando La Estaca. Como me llama enormemente la atención el extraño acento del grupo cantor, corro raudo hacia el televisor, de dónde procedían los sonidos, y contemplo entre atónito y maravillado que se trata de un grupo de bielorrusos, partidarios del lider de la oposición, que reivindican de este modo la anulación de las elecciones generales recien celebradas por considerar que las votaciones no han sido límpias.
La Estaca y LLuis LLach, su autor e intérprete, fueron un símblo en España durante los últimos años de la dictadura franquista. Recuerdo que las autoridades autoritarias de aquellos años habían prohibido la canción, pero en los conciertos de Lluis Llach la gente la cantaba de principio a fin mientras el cantante callaba emocionado en lo alto del escenario. Se evitaba así la sanción y La Estaca se convertía en la canción de la lucha. Yo estuve en el primer concierto de Madrid y aún se me ponen los vellos de punta cuando recuerdo lo que pasó.
Ver que a cientos de kilómetros de distancia, en otro país, en otra cultura, en otro idioma y en bastantes años después, La Estaca sigue viva y cumpliendo su papel reivindicativo y liberador, hace que, otra vez, se me pongan los vellos de punta. Gracias, Lluis Llach.
L'estaca. Lluis Llach.
La Estaca y LLuis LLach, su autor e intérprete, fueron un símblo en España durante los últimos años de la dictadura franquista. Recuerdo que las autoridades autoritarias de aquellos años habían prohibido la canción, pero en los conciertos de Lluis Llach la gente la cantaba de principio a fin mientras el cantante callaba emocionado en lo alto del escenario. Se evitaba así la sanción y La Estaca se convertía en la canción de la lucha. Yo estuve en el primer concierto de Madrid y aún se me ponen los vellos de punta cuando recuerdo lo que pasó.
Ver que a cientos de kilómetros de distancia, en otro país, en otra cultura, en otro idioma y en bastantes años después, La Estaca sigue viva y cumpliendo su papel reivindicativo y liberador, hace que, otra vez, se me pongan los vellos de punta. Gracias, Lluis Llach.
L'estaca. Lluis Llach.
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