Ya es 3 de enero de 2006 (suena bien ¿no?), sigo en Madrid y he superado sin daños aparentes la segunda fase de las Fiestas Navideñas.
La Ley Antitabaco, sus efectos, es el tema preferido de debate. Lo hemos debatido en la familia, en el trabajo, en la tele, en la radio, en los diarios, en las aceras, en los bares y -aquellos que han podido- en la cama mientras daban cuenta del famoso pitillo de después.
Por aquí, a primera vista, no se notan cambios llamativos salvo la proliferación de carteles informativos en las puertas de los bares. No hay corrillos en las aceras, manifestaciones ni suicidios colectivos. Esta mañana todo era de una casi normalidad apabullante.
Bueno, tiempo al tiempo, que dicen en mi pueblo.
La Ley Antitabaco, sus efectos, es el tema preferido de debate. Lo hemos debatido en la familia, en el trabajo, en la tele, en la radio, en los diarios, en las aceras, en los bares y -aquellos que han podido- en la cama mientras daban cuenta del famoso pitillo de después.
Por aquí, a primera vista, no se notan cambios llamativos salvo la proliferación de carteles informativos en las puertas de los bares. No hay corrillos en las aceras, manifestaciones ni suicidios colectivos. Esta mañana todo era de una casi normalidad apabullante.
Bueno, tiempo al tiempo, que dicen en mi pueblo.
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