Sunday, January 22, 2006

La cerveza

Habían ido a tomar una cerveza rápida a la salida del trabajo. Se encontraban muy bien. Hablaban sin parar, reían, sentían cómo iban tejiendo una complicidad desconocida hasta el momento, hablaban y reían, se sentían anónimos, inmunes a las miradas de los demás clientes. Su mesa, al fondo del local, se había convertido en su refugio, su fortaleza. El humo de sus cigarrillos construía murallas inexpugnables, sus risas constituían un mundo propio, sus miradas coincidentes les suministraban fuerza. Hablaban y reían.

En un impulso coincidente, sin proponérselo, casi inconscientemente, sin saber cómo ni por qué, sellaron ese mundo con un beso largo y atiborrado de deseos. Ya no hablaban y tampoco reían, sólo se besaban y se acariciaban. Se descubrían como nuevas personas, bellas y deseadas, mientras sus cerebros se hacían mil preguntas que rivalizaban entre mil nuevas sensaciones.

Sonaron los móviles, primero el de ella y luego, casi a la vez, el de él. Eran sus parejas preocupadas por la tardanza. Eran sus mundos no comunes reclamando su presencia, sus realidades individuales rompiendo la otra realidad.

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