
Cuando vio como su figura traspasaba la puerta del vagón de tren y quedaba oculta en su interior experimentó una grata sensación de alivio, de alivio y de liberación.
El fin de semana le había resultado lento y largo.
Casi desde el primer momento, casi desde los primeros besos y saludos, entre el acople de bolsas y maletas y el intercambio de saludos familiares, advirtió que ya estaba deseando que la visita terminara.
El fin de semana le había resultado cansado y trabajoso.
Por eso, cuando el tren se alejaba, él sentía que recuperaba, poco a poco, su pequeño y egoista mundo. Y se sentía bien.
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