La noche ha sido muy calurosa, otra más. Me he levantado buscando inutilmente una brisa de aire fresco, de ese aire límpio y refrescante de la mañana. Me siento pegajoso y somnoliento. La normalidad, en todo su esplendor, ya ha ganado la batalla. Las conocidas rutinas han recuperado su sitio.
El rencuentro ha vuelto a ser extraño, a la vez deseado y doloroso y de alguna forma algo frustrante por la reiterada ausencia de soluciones o por la falta de voluntad para saber encontrarlas.
Otra vez en el camino, esta vez algo más cansado.
El rencuentro ha vuelto a ser extraño, a la vez deseado y doloroso y de alguna forma algo frustrante por la reiterada ausencia de soluciones o por la falta de voluntad para saber encontrarlas.
Otra vez en el camino, esta vez algo más cansado.
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