Thursday, July 6, 2006

Madrid, ida y vuelta

Ayer estuve en Madrid, cuestiones de trabajo me llevaron a mi antigua ciudad.

Para mi, como madrileño de nacimiento, es un gran orgullo comprobar como algunas de las tradiciones más significativas siguen intactas: las escaleras mecánicas de la estación de Atocha estaban averiadas, la pugna para conseguir que el taxista no te engañe refuerza tus habilidades de estrategia diplomática, los atascos te permiten tener tiempo para repasar la tabla de tacos y maldiciones, las escavadoras, hormigoneras, gruas y demás artefactos ¿constructivos? mantiene ese aspecto pintoresco tan característico de la ciudad, las vallas de obra y los continuos agújeros en el acerado te mantienen ágil, las prisas de los viandantes te estimulan a acelerar el paso como si se tratara de competir en una prueba de cinco kilómetros marcha.

AVE, taxi, reunión, cerveza, almuerzo, coche y otra vez al AVE.

Pero lo peor es que con tanto trajín no tuve tiempo de tomar una verdadera ración de patatas bravas que, el fondo, es lo que más me hubiera gustado. Pero volveré y me desquitaré. A pesar de todo me gusta ir a Madrid.

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